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10 de Mayo del 2016, 09:08 horas

No más bloqueos

Manuel Galeana Domínguez

Los bloqueos de la autopista, lejos de resolver los problemas planteados por quienes los realizan, se agravan. Además de ser golpeados por las fuerzas de el orden durante los desalojos y ser obligados a pagar altas fianzas para salir de la cárcel a donde son llevados por su contumacia a violar la ley.

En un discurso que pronuncié el pasado 1 de mayo ante el monumento a Juan R. Escudero en el aniversario de su natalicio, en el Día Mundial del Trabajo, afirme además que los grupos que periódicamente cierran la única vía por la que nos llega turismo, atentan contra el interés de todos los que aquí tenemos nuestras fuentes de trabajo, pues los visitantes acabarán por cansarse porque, toparse con una carretera cerrada para encontrarse con gente airada es tanto como exponerse y poner en peligro a los suyos, si su único afán es la diversión es la diversión y el descanso en nuestras hermosas playas, que cada vez están más solas después de cada evento de estos.

Por muy justas que parezcan las demandas de los ciudadanos que bloquean carreteras y calles como la avenida Costera, considero un despropósito que se proteste atacando derechos de terceros. Quienes protestan bloqueando la autopista también viven de el turismo y es tanto como si se ahorcaran solos corriendo a nuestros visitantes.

Bastantes enemigos tenemos ya en la competencia que nos hacen los centro turísticos de Cancún, Vallarta y Los Cabos, para que todavía, en lo interno, nos estemos haciendo pedazos unos a otros con nuestras querellas. Los constantes atentados a las vidas nos mantienen, hoy por hoy, en los últimos lugares de la lista negra que la delincuencia nos a impuesto en los últimos años.

Repetimos: No es justo que, por cualquier motivo, nos estemos agrediendo, protestamos contra los malos funcionarios que nos tiran a loco cuando algo no nos gusta y lo primero que hagamos es cerrar la autopista, esa maravillosa vía que un día no muy lejano un gobernante inteligente, con visión de estadista, José Francisco Ruíz Massieu, promovió para que Acapulco mantuviera su primer lugar en la maravillosa industria turística ahora al borde de el colapso. La autopista, querámoslo o no, nos salvó de la quiebra cuando, en aquellos años con una carretera con peligrosas curvas que los habitantes del interior del país, iban abandonando y el número de “chilangos” decrecía. Gracias a la autopista Acapulco pasó a convertirse en la gran alberca de los distritenses.

Por lo mismo, cuando le propongan “¡Vámonos a bloquear la autopista para que corran al gobernador!”, ponga oídos de cantinero ante borrachos necios y no haga caso. ¡No más bloqueos, por favor!

A propósito, felicitemos a nuestras autoridades turísticas por el retorno, el próximo año, del “Tianguis Turístico”. No debe perderse de vista que la competencia seguirá intentando arrebatárnoslo.fin

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