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13 de Marzo del 2017, 06:41 horas
Juegos de Poder

México: ¿nacionalista o cosmopolita?

Leo Zuckermann

Hace unos meses, a propósito de la elección de Trump en Estados Unidos y el voto a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, la revista The Economist publicó un número sobre la nueva división política en el mundo. Argumentaban que ya no era entre izquierda y derecha sino entre los que querían mantener abiertos sus países al flujo de mercancías y migrantes y los que pretendían cerrar sus fronteras a bienes y personas de otras naciones. ¿Y México dónde quiere posicionarse en esta nueva división política entre cosmopolitas y nacionalistas?

Después del final de la Segunda Guerra Mundial, se dio un movimiento de mayor integración económica y política entre las naciones. La Unión Europea fue, sin duda, el gran experimento cosmopolita del siglo XX. Los europeos renunciaron a soberanía nacional a cambio del libre intercambio de mercancías y personas entre los países. El resultado fue impresionante: ese continente vivió décadas de paz acompañadas de gran prosperidad económica, como nunca en su historia.

La caída del Muro de Berlín en 1989 aceleró el proceso de integración europea. El presidente Salinas entendió que los vientos soplarían hacia un mundo cada vez más cosmopolita. Fue entonces que decidió negociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Aunque la economía mexicana ya venía abriéndose desde el sexenio de De la Madrid, todavía se encontraba relativamente cerrada: el comercio internacional y la inversión extranjera directa no tenían gran impacto en el crecimiento.

Ni se diga en el tema migratorio donde nuestro país era bastante celoso de los extranjeros. Salvo los exilios de los republicanos españoles en los años treintas y los perseguidos políticos de las dictaduras sudamericanas en los setentas, México era un país difícil al cual emigrar. Teníamos, además, una de las legislaciones más restrictivas en materia de ciudadanía: no se permitía la doble nacionalidad, por ejemplo.

Éramos un país muy cerrado. Bajo la idea de que la economía se debía desarrollar a partir de la sustitución de importaciones, no permitíamos la entrada de bienes y servicios del exterior. Bajo los preceptos del nacionalismo revolucionario, no dejábamos que los extranjeros vinieran a vivir fácilmente al país. Todo esto aderezado con un discurso que tenía un fuerte componente en contra de los enemigos históricos externos, en particular el vecino del norte. Hasta los años ochentas, en México todavía se respiraba un gran anti-yanquismo.

Todo eso cambió con la decisión histórica de abrir al país en materia económica comenzando con el TLCAN. Hoy México es uno de los países más abiertos del mundo desde el punto de vista comercial. Tenemos 12 tratados de libre comercio con 45 países que representan más del 60% del PIB mundial. Esto ha generado un boom de exportaciones de manufacturas en las últimas dos décadas. Y si bien México sigue siendo un país relativamente cerrado en el tema migratorio, se ha avanzado en permitir, por ejemplo, que los mexicanos tengan derecho a tener varias nacionalidades aparte de la mexicana, como sucede en casi todos los países de Occidente.

El problema es que, cuando nosotros nos estamos volviendo cada vez más cosmopolitas, los vientos están cambiando hacia el nacionalismo en varios países. Los británicos quieren libre comercio con Europa pero no libre tránsito de personas. Los estadounidenses eligieron a un Presidente que piensa que el TLCAN es el peor acuerdo comercial de la historia y que los migrantes indocumentados hay que echarlos a patadas: un nacionalista que cree que todos los problemas de Estados Unidos se deben a los cosmopolitas que han gobernado recientemente ese país.

¿Puede haber en México una reacción nacionalista producto de los vientos de cerrazón que soplan en Occidente? Desde luego que sí. El nacionalismo crece como la espuma cuando un país se siente agredido por el extranjero. Los insultos y agravios de Trump en contra de México seguramente despertarán ese anti-yanquismo histórico que estaba dormido por el éxito del TLCAN y la cada vez mayor integración de millones de mexicanos en Estados Unidos. No hay duda que en México también puede surgir un líder nacionalista muy popular al estilo de Farage, Trump, Le Pen, Wilders, Erdogan o Putin. Alguien dispuesto a manipular a la gente con los sentimientos tribales del ser humano. Una mala noticia para aquellos que creemos en un mundo cada vez más cosmopolita.

Twitter:@leozuckermannfin

Perfil

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Leo Zuckermann
Es un comentarista y académico mexicano. Estudió la licenciatura en administración pública en El Colegio de México y la maestría en políticas públicas en la Universidad de Oxford en Inglaterra. Cuenta con dos maestrías de la Universidad de Columbia en Nueva York . Su columna, “Juegos de Poder” se publica en distintos periódicos de varios estados del país. En radio es conductor y comentarista.

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