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13 de Julio del 2017, 06:41 horas

Maldita corrupción

Adán Juárez

A VER, A VER…Cuando me desempeñaba en un puesto directivo en un diario de la ciudad de México, mi director me contó la siguiente anécdota:

–Mario Ramón Beteta, después de haber renunciado como secretario de Hacienda y Crédito Público le extraño no ver entre sus regalos de fin de año un lujoso vehículo que una agencia le hacía llegar rigurosamente.

Tomó el teléfono y preguntó al gerente de la distribuidora: Quiero saber por qué no me ha llegado el vehículo que me envían de regalo ¿Hay algún problema?

El directivo de la agencia le contestó: No señor, no hay ningún problema. El vehículo se le envió ya al secretario de Hacienda….

Cierto. No es la persona el que tiene valor, es el puesto. Y entre más alto el nivel más y mejores regalos…

En México, por razones de su sistema político resulta que en cuanto arriba un funcionario a una posición de poder, empieza a escuchar “el canto de las sirenas”. Y le llegan maletas de dinero o diversos ofrecimientos pecaminosos.

No los tiene que pedir.

Aunque como en el caso de Javier Duarte, y otros muchos, además de recibir cascadas de regalos de quienes buscan algunos favores, saquean los recursos públicos con voracidad delirante.

Borge, Cesar Duarte y Javier Duarte no son los únicos ex gobernadores que nadaron en el lodo. Son los que cayeron de la gracia del Señor.

“El poder marea a los inteligentes y vuelve loco a los estúpidos”, reza un sabio refrán.

Según las estimaciones de los especialistas la corrupción alcanzó los 900 mil millones de pesos en 2016, esto es, una media del 5% del PIB. Aunque este cálculo es considerado conservador, pues algunos analistas estiman que puede llegar hasta el diez por ciento del PIB.

De hecho, la corrupción es el segundo de los temas que más ocupa a los mexicanos, únicamente superado por la inseguridad y la delincuencia, de acuerdo con el estudio  “México: Anatomía de la Corrupción” elaborado por el  IMCO

Así, la corrupción está presente en forma permanente en la actividad económica nacional en los diferentes niveles de la población, lo que ha llevado a México retroceder en los principales indicadores internacionales anticorrupción.

Si bien, esa práctica parece ‘inofensiva’, en realidad representa uno de los mayores costos para las finanzas del país.

Según estimaciones del Banco Mundial, la OEA y el CEESP, el costo de la corrupción oscila entre el nueve y el 10 por ciento del PIB, esto es, de cada 100 pesos de riqueza que genera la economía, 10 se destinan a la corrupción.

Y se vamos más allá, resulta que el costo de la corrupción pasó de los 672 mil millones de pesos en el año 2000 a 2.1 billones en 2016.

Ante ese lacerante problema, el 27 de mayo de 2015, se publicó la reforma constitucional que creó el Sistema Nacional Anticorrupción, como instancia de coordinación entre autoridades de todos los órdenes del gobierno.

Durante el periodo Extraordinario de la LXII Legislatura, se aprobaron 7 paquetes de legislación secundaria para prevenir y combatir la corrupción.

Cualquiera podría decir que con la expedición de la Ley General del Sistema Nacional Anticorrupción, se inicia una etapa brillante.

Para darle vida al SNA, se decidió que la coordinación debería ser entre diversos actores sociales y autoridades de los distintos órdenes de gobierno, a fin de prevenir, investigar y sancionar la corrupción. Lo que vemos es una pelea por ocupar puestos de poder y dinero.

Además el Comité Coordinador, encabezado por un ciudadano distinguido, así como el Comité de Participación Ciudadana (5 personas), seleccionado por académicos reconocidos, son espacios para la simulación.

Los mecanismos de prevenir los actos de corrupción como los códigos de Ética, protocolos de actuación y mecanismos de autorregulación, son engañabobos.

A ver, las medidas para combatir ese mal que daña a la sociedad, no darán resultados como no ocurrió con la llamada Renovación Moral, de Miguel de la Madrid, que se convirtió en la “renovación del morral”.

No es con más burocracia y gasto público como veremos su disminución. No señor.

Es al revés. Hay que eliminar los reglamentos excesivos que provocan que los ciudadanos sean rehenes de políticos y burócratas corruptos para desarrollar sus actividades productivas. Ahí está el quid. Veremos, veremos (unomasmega@yahoo.com.mx) fin

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