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14 de Julio del 2017, 06:42 horas

Las paradojas

Carlos Texta

Hemos señalado en este espacio que en el pasado como en el presente, se ha dado la extraña paradoja del hambre con la abundancia, de la pobreza y el derroche. Que esta paradoja lo mismo se da en naciones pobres como en las ricas; por ejemplo, en México y en los Estados Unidos; sólo que en este último país, la pobreza y la abundancia obedece a distintas razones al nuestro; empezando porque en la gran potencia a la pobreza, la cual alcanza de un 20 y hasta un treinta por ciento de su población total; la consideran como un descuido social “la pobreza debe considerarse como un aspecto del descuido social con la suficiente riqueza para eliminarla”. El problema de la pobreza en dicho país, algunos de sus economistas consideran que no se resuelve debido a prejuicios raciales y por sus ideales democráticos. En cambio en México, la pobreza no se resuelve por problemas estructurales y por las políticas inadecuadas para tal fin. Los obstáculos estructurales pueden ser, para señalar los más importantes, la pésima distribución del ingreso, es decir, mientras unos son inmensamente ricos, otros somos espantosamente pobres, o como dicen algunos, México es un país en donde “todo es para pocos y la nada es para la mayoría” o, “donde los pocos tienen todo y los muchos no tienen nada” o, donde hay “una delgada capa superior rica y una mayoría de pobres”; ya lo había dicho Alejandro Humboldt hace más de ciento cincuenta años, que México era el país de desigualdad: “La tierra es de unos cuantos y la población se concentra en unas regiones mientras otras están despobladas”. Lo mismo en cuanto a esto último lo diremos hoy, hay regiones que tienen crecimiento, otras que están estancadas, etc.

¿Y qué pasa con esta tan desigual distribución del ingreso? ¿Qué tiene que ver esto con la paradoja del hambre con la abundancia? Por un lado, a los que están en la cúspide económica, una vez que han desembolsado parte de sus ahorros para la inversión productiva o para bienes productivos ¸ aún les queda lo suficiente para un consumo conspicuo, un consumo suntuoso o un consumo de lujo; uno de los grandes economistas mexicanos, escribió: “Tanto la tradición y las reglas de la sociedad como la distribución prevaleciente de las riqueza y del ingreso han dado como resultado que sólo un monto limitado del ahorro empresarial haya sido reinvertido en la nueva forma de nueva inversión, en bienes de capital y, en cambio, que una proporción excesivamente grande haya pasado a acumularse como ingreso personal a los particulares ya poseedores de riqueza y de un nivel de ingreso elevado. Por consiguiente, una parte del ahorro potencial se ha transformado en un alto nivel de consumo, incluyendo el de carácter suntuario, aún el de lujo absoluto, por lo que aquel no queda disponible directamente para destinarlo al financiamiento de inversión nueva (el desarrollo). Es más se traduce en importaciones prescindibles y aún en actividades ilícitas. Por añadidura, una parte de dicho ahorro interno ha tenido históricamente y sigue tendiendo en la actualidad, por razones de seguridad, a ser exportado al exterior para su depósito en cuentas bancarias en el extranjero y en bolsas de valores consideradas seguras (exportación y fuga de capitales). Y más adelante nos señala que el ahorro público es despilfarrado en los tres niveles de gobierno, lo que es muy acertado.

Entonces en México tenemos por un lado pobreza y por otro derroche, paradoja que se resuelve buscando el crecimiento y el desarrollo económico y terminando con la corrupción.  fin

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