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10 de Noviembre del 2016, 07:05 horas

El elefante que entrará a la oficina oval

Armando Escobar Zavala

Estamos acostumbrados a ver al burro y el elefante, como símbolos de los de los dos principales partidos norteamericanos, el Partido Demócrata y el del Partido Republicano, respectivamente. Pero... ¿cuál es su origen? ¿Qué simbolizan?

“Realmente la historia tiene más de anécdota que de simbología. En el caso del burro del Partido Demócrata, la ‘mascota’ se eligió porque en 1828 el candidato de este partido, Andrew Jackson, recibía el apodo de ‘burro’, por su poca inteligencia y tozudez. Él, sin embargo, aprovechó el tirón de ese mote y lo empleó como símbolo electoral, porque él quiso expresar que en realidad es un animal del que hay que sentirse orgulloso, pues el burro trabaja mucho y es modesto. Años después, el ilustrador Thomas Nast comenzó a dibujarlo para caricaturas de prensa y de ahí se quedó como mascota del partido.

En el caso del elefante del Partido Republicano, se debe a una respuesta al burro demócrata. Thomas Nast quiso hacer una versión para el partido rival y empleó este animal porque en una viñeta plasmó una derrota electoral en 1877 de los republicanos ante el burro demócrata. El elefante simbolizaba a un animal inteligente, pero dócil y fácil de someter. Pese a este cariz negativo, los republicanos lo adoptaron como símbolo”.

El martes pasado el candidato del Partido Republicano Donald Trump ha sido elegido el presidente de los Estados Unidos, venciendo a su rival demócrata Hillary Clinton en unas elecciones históricas. El magnate asumirá su cargo en enero de 2017.

Donald Trump no es propiamente un republicano y nunca ha tenido un puesto público en su vida. Es igual que Bernie Sanders, un outsider y esa fue quizá su mayor fortaleza. Cuando menos esa fue la explicación que millones de ciudadanos norteamericanos que lo apoyaron, porque dicen que Washington ha fracasado y el país requiere a un externo que haga las cosas de una manera distinta. El hartazgo de ese electorado que apoyó a Trump es enorme. El salario ha permanecido estancado en Estados Unidos desde los 80. La clase media blanca ha visto como su niveles de vida se han deteriorado, sus niveles de mortandad ha aumentado, algo único en los países desarrollados. Esto ocurre por la cantidad de suicidios y abusos de drogas en ese segmento de la población.

A eso hay que agregarle el descontento con la clase política. Solo uno de cada cinco votantes dice que confía en el gobierno. Ochenta y cinco por ciento de los estadounidenses cree que los líderes políticos están más preocupados por salvaguardar su poder y privilegios personales que por hacer lo que es mejor para los votantes.

Como nos recordó Franklin Delano Roosevelt, la grandeza de una nación no se mide por lo que brinda a los más solventes, sino por cómo trata a las personas más necesitadas.

En una época en la que millones de estadounidenses se desviven para mantenerse a flote desde el punto de vista económico, en una época en que ha aumentado la pobreza entre la tercera edad, en una época en la que millones de niños viven en la pobreza severa, difícilmente el electorado apoyarían la candidatura de Hillary Clinton. “No queremos reformar el sistema, queremos cambiarlo”, afirmó un militar de alto rango.

Millones de estadounidenses trabajan a cambio de unos salarios absolutamente inaceptables. “No se puede seguir trasladando nuestros puestos de trabajo a China o México mientras millones de personas carecen de empleo aquí. El sistema de atención sanitaria se desmoronó, que es causa no sólo de dolor, sufrimiento y muerte innecesarios, sino también es una catástrofe económica”.

No es ningún secreto que hoy en día hay en Estados Unidos una desafección generalizada hacia la política. Todos los sondeos, uno tras otro, indican que los ciudadanos ya no confían en sus instituciones políticas. Pese a es- tos indicadores alarmantes, la prensa no quiso entenderlo, y se volcó contra Trump, quien al cierre de su campaña expresó: “Votad contra la prensa corrupta. Los medios deshonestos no tienen idea de lo que está pasando”.

El candidato republicano ganó por lo que los sociólogos llaman el “voto disruptivo”, la expresión de un malestar generalizado en amplias capas de la sociedad, sin distinción de edades. “Solo les movió una angustia absoluta y el rechazo hacia el sistema”. La prensa y los analistas lo subestimaron, se rieron de él, lo insultaron. Pero si ganó las primarias dentro del Partido Republicano, venciendo a dinastías como la de Busch, ¿por qué no iba a ganar el número 1,600 de Pennsylvania Avenue?

Al vivir en una burbuja y de confort los intelectuales, politólogos, sociólogos y periodistas se alejaron de lo que piensa la gente real (uno de los requisitos básicos del oficio), pese a que la evidencia demuestra que no hay nada que sustituya bajar a la calle para ver y oler, el estado de ánimo del electorado. “Quizá hemos perdido el olfato”, señaló un comentarista al explicar el resultado de la elección.

¿Que nos toca hacer como mexicanos, después de estos resultados y de la torpe intromisión del gobierno mexicano en el proceso electoral norteamericano? El 5 de marzo de este año, en estas páginas de Novedades de Acapulco, escribí un artículo titulado Ganó Trump en el supermartes, y ahora?. Entonces advertí: “Debemos tomar más en serio la posibilidad de que Donald Trump gane la elección, previendo escenarios para contrarrestar los efectos de una probable política de expulsión de la fuerza de trabajo mexicana del país vecino, replanteando nuestras estrategias de desarrollo y de inclusión social, aunado a un rediseño de la diplomacia mexicana, caracterizada por el dialogo y la negociación entre países vecinos”.

No nos queda de otra, cambiemos nuestras conductas de consumo, fortalezcamos el mercado interno y discutamos el nuevo proyecto de nación en donde se privilegie el bienestar de las mayorías. Apostar a modelos exógenos ha sido uno de nuestros grandes errores.

Correo: aresza2@hotmail.comfin

Perfil

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Armando Escobar Zavala
Nació el 6 de febrero de 1953, en la Venta, municipio de Acapulco, Guerrero. Realizó estudios de licenciatura en la Escuela Nacional de Economía (hoy Facultad) y de posgrado en la Facultad de Filosofía y Letras, en el Centro de Estudios Latinoamericanos de la UNAM. Fue profesor, por Concurso de Oposición, en el Área de América Latina Política y Gobierno en las carreras de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. En la Universidad de las Indias Occidentales, Kingston, Jamaica, desarrolló la investigación "Jamaica, la Vía sin el Fondo Monetario Internacional". Fue Jefe del Departamento de Ciencias Económicas en la hoy Facultad de Estudios Superiores Acatlán. En Guerrero ha sido Subsecretario de Planeación Educativa y Rector de la Universidad Tecnológica de la Costa Grande.

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