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18 de Mayo del 2017, 06:29 horas

El Día del Maestro

Adán Ríos Parra

Esta semana se festejó el Día del Maestro. En otro tiempo era el constructor de la patria, el ejemplo de las futuras generaciones, la sabiduría encarnada en su persona.

Pero, el acceso a la información mediante las tecnologías ha hecho de la figura del maestro ya no sea el del único depositario del saber, ahora todo se puede consultar vía Internet, como una herramienta para aprender, el maestro tampoco es ejemplo porque sale a las calles a protestar contra la Reforma Educativa y curiosamente se niega a someterse al examen de evaluación y finalmente la figura del maestro ya no es símbolo de respeto como sí lo era hasta hace dos o tres décadas.

Antes los mejores maestros eran quienes conducían el sistema educativo, el titular de la educación a nivel nacional era un connotado y reconocido educador, así tenemos figuras de la talla de José Vasconcelos o Jaime Torres Bodet, sólo por citar dos.

En Guerrero también han existido miles de maestros distinguidos, como Domingo Adame Vega, Víctor Hugo Bolaños Martínez, Vicente Carbajal García, Raúl Isidro Burgos, Ladislao Cienfuegos Espíritu, Antonio I. delgado Casarrubias, Aarón M. Flores Moctezuma, Beatriz Hernández García, José Rodríguez Salgado, Moisés Jiménez Alarcón, Othón Salazar Ramírez, Efraín Vélez Vélez, Cirenio Vargas Salmerón, Celedonio Serrano Martínez, Timoteo Valle Alcaraz, Rubén Mora Gutiérrez, Issac Palacios Martínez y curiosamente muchas escuelas en la entidad llevan su nombre.

Cada año se celebra el Día del Maestro, pero el reconocimiento se hace semiprivado, por un rato, mediante un acto solemne se entregan medallas como mero pretexto y un diploma y hasta ahí, los maestros reciben un desayuno, un cheque por cierta cantidad por sus años de servicio prestados al sistema educativo y ya.

Antes para ser maestro no se requería estudios de posgrado o someterse a exámenes de oposición.

Antes el maestro era aquel que la sociedad respetaba, que si había que tomar alguna decisión importante su opinión contaba, su estatus de intelectual no era puesto en duda, y eso que muchos maestros sólo tenían primaria terminada hasta mediados de los años sesenta y setenta.

Tuvieron que venir varias reformas educativas para que la figura del maestro quedara en entredicho. Primero se desconcentró todo el aparato burocrático allá por 1992, luego el poder que adquirió el sindicato hizo trizas el modelo educativo, porque de ser gestor el sindicalista se convirtió en autoridad y pasó posteriormente a ser político.

Así todo aquel maestro que no ayudaba al sindicato corporativista y aliado del poder simplemente era desplazado de ascensos o premios. También en la disidencia magisterial ocurrió un fenómeno parecido, el sindicato se apoderó del sistema educativo como ocurrió en Oaxaca y el partido opositor al poder en turno, cooptaba a los líderes magisteriales. Y quedó en el limbo la idea de que el maestro es el constructor de la nación, espíritu con el que nació la figura del maestro emanado de la revolución.

Y mediante un decreto de profesionalización docente, desde hace cuatro años, los maestros son de contrato por seis meses, con opción a renovarlo, mediante exámenes que legitiman su permanencia, un instrumento que no ha impactado en el logro educativo de los alumnos, porque ni siquiera los idóneos o más altos promedios son merecedores de plaza.

Por eso hay voces que con justa razón han señalado: Ya no hay nada que festejar cada 15 de mayo.  fin

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